Hoy hace un año, de estos «180 grados»

Ya ha pasado un año desde el 4 de Marzo de 2019

180 grados, la forma más corta de describir este último año

Hola a todos/as los que nos seguís y leeis, este es mi gran desahogo, como si de una terapia se tratase, donde puedo describir y resumir este año tan duro, titulado « 180 grados «.

180 GRADOS, es la forma más corta de describir este último año, y dolor, mucho dolor… pero no del dolor en el cual te tomas un analgésico y se pasa, yo estoy hablando del dolor del alma. Para mi es el peor, porque su cura es lenta y tortuosa, y la cicatriz que deja puede llegar a ser aún mayor que el propio dolor.


Hace un año, nos preocupábamos de elegir a qué playa iríamos, de si podríamos cambiar el móvil o incluso fantaseábamos con la idea de que nos tocara la lotería, y es que no nos dábamos cuenta que todo eso hoy nos iba a dar igual. Hoy me doy cuenta que lo principal es la SALUD, ya sea física o mental, sin ella no tienes nada.


Todavía recuerdo la noche en la que sucedió todo, la tengo grabada en mi retina, mejor incluso que el día de mis partos, pues si esos días fueron los más felices, el 4 de marzo es sin duda el peor de mi vida, pero que ilusa yo cuando pensaba que lo peor había pasado…
Ese día deje de tener una hija “normal” para tener una hija “especial”. Todavía ni siquiera me creo que mi hija nunca será como yo la soñaba, pero.. ahora los sueños los construiremos juntas. ¿Cuándo me di cuenta que algo más estaba sucediendo? ¿cuándo fui consciente de lo que su enfermedad conlleva? Pues creo que todavía no lo soy, y no sé si quiero saberlo, porque la esperanza es lo último que se pierde y de esa tengo mucha. En mi interior imagino paso a paso todo lo que va a pasar, pero… no quiero creerlo y, como cuando “si crees en ello, puedes hacerlo”, pues en esas estamos, imaginando que podemos cambiar las cosas y luchando, luchando mucho para evitarlas.


A partir de ahí mi vida y las de los que me rodean cambió. Ya nunca más he podido quedarme sola con mi hija Vega, tengo miedo y no puedo evitarlo. La inmensa mayoría, me entienda o no, me ayudan, Santa paciencia la que tienen.


Desde ese día,cambiamos las playas por hospitales, los parques por las terapias, los excursiones familiares por merienda de chicas y así sucesivamente hasta el punto de que ver una película con Adriana es todo un festival y, justo en ese momento, es donde aprendes lo que realmente importa.
Y en medio de todo esto se encuentra Adriana, mi otro tesoro, a la que no puedo dar todo el cariño que se merece porque Vega ocupa todo mi tiempo, lo siento tanto…, siento no poder hacer juntas tantas cosas como debiéramos, pero estamos trabajando duro para cambiar eso.


Hace poco hablaba con Elena (la mamá de Leo), le contaba que mi mejor momento del día con Vega es cuando ella duerme, y entonces, cada noche, desde hace un año, imagino, que cuando despierte todo habrá cambiado, imagino como seria mi vida sin terapias y hospitales, pero mientras llegue ese momento, yo seguiré soñando,eso es lo único que nadie puede quitarme.


Hoy hace un año de todo aquello y seguimos luchando para que mi pequeña tenga la mejor calidad de vida posible, y otra cosa no tendré pero a cabezota no me gana nadie, los que me conocen lo saben, eso no ha cambiado.
Confío en que a partir de aquí solo escriba los avances de Vega
, y que vuelva a escribir quejándome de cosas banales, sería señal de que todo marcha correctamente.


Gracias a todos los que estáis a nuestro lado porque sin vosotras no sería posible. Todavía me siento muy pequeñita y se me viene muy grande, pero siempre estáis ahí, ayudándome a coger aire.


“SI LUCHAS PUEDES PERDER, SI NO LUCHAS, ESTAS PERDIDO”